Para ser buenos padres... ¡mucha paciencia!
Tener serenidad es fundamental. Podríamos definir a ésta como a el control de nosotros mismos ante situaciones de adversidad o frustración, y mejor aún si es con una sonrisa en los labios, aunque esto último puede ser francamente difícil, especialmente en aquellas ocasiones en que nuestros hijos logran sacarnos literalmente de quicio. En estos momentos seguramente que lo mejor sea respirar bien hondo y recordar siempre que la serenidad y la firmeza serán siempre nuestras grandes aliadas. Mantener la serenidad nos impedirá venirnos abajo en los momentos difíciles y nos ayudará a ver las cosas con mayor claridad. Es importante también no intentar cambiar el carácter de nuestros hijos, tan sólo reconducirlo en la medida de lo posible hasta que adquieran la madurez necesaria.
Siempre, ante cualquier situación, lo mejor será actuar de manera serena y calmada, solemos vivir muy acelerados y por ello perdemos los estribos rápidamente, pero por el bien de nuestros hijos lo mejor será no llegar a perder el equilibrio, dialogar con ellos y hacerles reflexionar, y desdramatizar al máximo la situación. Si sabemos ser unos padres serenos, será más fácil que nuestros hijos crezcan maduros y felices, pues irremediablemente nosotros somos y seremos para ellos un modelo a seguir, para bien o para mal.
Todos los padres suelen perder la paciencia alguna vez, aunque los más propensos para ello son aquellos que sufren dificultades laborales o domésticas. Podemos distinguir diversos tipos de impaciencia, como pegar un cachete ante una situación determinada, no escuchar al niño cuando desea hablarnos, no jugar nunca con él o no interesarnos por sus actividades escolares o extraescolares, y siempre justificándonos en nuestra falta de tiempo. Estas actitudes resultan negativas tanto para el niño como para los padres, que más tarde anidarán sentimientos de culpabilidad. Aunque sin duda alguna la peor actitud es la de aquellos padres que gritan continuamente a sus hijos descalificándoles o dejándoles en ridículo: "¡eres tonto, no aprenderás nunca, siempre tengo que decirte las mismas cosas, yo no soy tu criada, etc.", comportamiento que acabará minando la autoestima del niño. También hay padres demasiado exigentes y duros con sus hijos cuando éstos no alcanzan el nivel exigido por los padres.
Sea cual sea el modelo de padres al que respondamos, si realmente queremos ser unos padres pacientes tendremos que esforzarnos y poner en orden nuestras prioridades. Es importante que pasemos parte de nuestro tiempo libre con nuestros hijos, si no dispones de mucho piensa que resultará más beneficioso a largo plazo para todos que le dediques más tiempo a él en lugar de tener la casa tan limpia o una estupenda cena en el horno. No olvides tampoco tratar a tu hijo con respeto, el mismo que le exiges a él hacia ti, los buenos modales son necesarios para todos, mayores y pequeños.
Fuente: MujerActual
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