Cuidado con los excesos durante las fiestas de fin de año
La cuenta es sencilla si se recuerda que una porción del delicioso vitel thoné suma 930 calorías y un turrón de 100 gramos tiene 440, una cantidad similar a la de una inocente porción de pan dulce, sin contar con que por cada centímetro cúbico de vino o champagne hay que sumar una caloría, y la mitad cuando lo que se bebe es sidra o cerveza.
Los efectos de estos excesos no solamente engordan. "La consulta por dolor abdominal es siempre la más frecuente en una sala de guardia, pero durante estos días de fiesta aumenta muchísimo más todavía", afirma el doctor Hugo Peralta, jefe del Servicio de Emergencias del Hospital Italiano, de Buenos Aires.
Disfrutar en estas fiestas no debe ser sinónimo de consumir en exceso, especialmente en lo tocante a la comida.
Llegan las fiestas y con ellas los excesos. Son típicas las comidas copiosas que nos "hinchan como globos" y que despiertan en muchas personas ese sentimiento de culpa por haber maltratado su cuerpo. Y es que en estas fechas no se trata de desafiar los límites de nuestro organismo asombrándonos de lo mucho que podemos comer y beber. Varios expertos en endocrinología recomiendan qué hacer y qué no para disfrutar de una "dulce Navidad".
No vamos a repetir aquí los muchos argumentos expuestos en numerosos medios acerca del consumo responsable en estas fiestas, referido a bienes y servicios en general: espectáculos, fiestas, juguetes, comidas… en estas fechas se desata el consumismo. Y, como todos los excesos, es malo.
Por lo que a nosotros respecta, en lo que sí queremos insistir es en el consumo responsable en lo referente a la nutrición, y especialmente en la medida en que puede afectar a nuestra salud y nuestro peso. Intentemos que no sean fechas fatídicas para la báscula. Vamos a dar dos razones para la moderación en la mesa y cuatro trucos para ayudarnos a conseguirla.
Dos razones para la moderación…
1.- En primer lugar, hay que pensar que cuesta menos no pasarse que pasarse y remediarlo.
Lo veremos mejor con un ejemplo numérico. Supongamos que una comida o una cena "normal" para una persona determinada son 1.000 calorías, y que con esta comida no pasa hambre, pero tampoco engorda. Si en una de estas cenas o comidas señaladas se excede e ingiere, por ejemplo, 2.600 calorías, para recuperar el peso tras las fiestas, deberá ingerir sólo 600 calorías durante cuatro comidas, lo que probablemente le supondrá un esfuerzo mucho mayor que la satisfacción que le supuso el exceso cometido.
Creo que todos tenemos experiencia al respecto. Pero no seamos demasiado estrictos: podemos pasarnos un poco, por ejemplo 1.600 calorías, y luego el esfuerzo para recuperar la línea será razonable: quizá dos comidas ingiriendo 700 calorías. Además, desde el punto de vista de la salud, es preferible mantener un peso que sufrir oscilaciones acentuadas en el mismo.
2.- La segunda razón para la moderación es, quizá, más importante…
Y es que en estas fiestas corremos el riesgo de perder algunos hábitos que quizá nos ha costado mucho esfuerzo conseguir. Por ejemplo, si ya no picoteamos a lo largo de la tarde, el hecho de hacerlo en estas fiestas "porque es Navidad" (como si esto justificara todo), supone, además de privarnos posteriormente de las calorías ingeridas en exceso, tener que recuperar un buen hábito que teníamos y hemos perdido. Igual podríamos decir de beber sólo agua en las comidas, tomar fruta de postre, lavarnos los dientes por la noche justo después de cenar y antes de ver la televisión, y ese larguísimo etcétera que nos ayuda enormemente a mantener la línea.
Como sabemos, no hay ningún alimento que esté prohibido porque no hay ningún alimento absolutamente perjudicial, excepto los venenosos. El perjuicio de los alimentos deriva de una ingesta excesiva o porque al tomarlos dejamos de ingerir otros productos necesarios para nuestra salud.
Es por ello que ningún alimento debe ser proscrito en nuestros menús navideños, menús que con frecuencia respetan una tradición que se ha ido forjando en nuestras familias a lo largo de generaciones y que forman parte de nuestra cultura culinaria. ¿Por qué no continuar, pues, preparando los platos preferidos por nuestra familia, cuando el importante papel de la tradición así lo requiere?.Podemos optar tanto por platos más tradicionales, como el pavo, el besugo o el cordero; o bien por otros menús más sofisticados, que incluyen recetas con faisán, avestruz, ostras y mariscos. Ahora bien, en ambos casos debemos evitar los excesos y con ellos sus consabidos efectos secundarios como pesadez de estómago y dolor de cabeza.
Fuente: www.alimentacion-sana.org
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