Presionar demasiado a los hijos en los estudios, puede ser perjudicial
Sucede con frecuencia que los padres exigen “demasiado” a los hijos en materia de estudios. Queremos que sean “los mejores estudiantes”, y que nos traigan a casa una libreta con la nota máxima en todas las materias.
El punto es que muchas veces tanto estudio, no les deja tiempo para el ocio, que también es importante para su salud física y mental. Al presionarlos demasiado, podemos exponerlos a sufrir traumas psicológicos que pueden derivar más adelante en depresiones, y peor aún, en suicidio.
No hay duda que vivimos en un mundo, donde para triunfar laboralmente, se necesita muchas veces tener un excelente récord académico. El haber acumulado la mayor cantidad posible de títulos o diplomas, se convierte muchas veces en la llave que abre las puertas a las grandes oportunidades.
El punto aquí es saber como padres guardar el equilibrio entre la presión en los estudios, el tiempo invertido en esta actividad, y el tiempo de ocio y recreación que también necesitan, especialmente los niños más pequeños.
Para ejemplificar el daño que puede hacerle a los hijos una exigencia desmedida, examinemos lo que está sucediendo en países como China, donde muchos jóvenes dedican más de diez horas al día al estudio. Según una nota de EFE, muchos de ellos dicen no tener a nadie en quien confiar y la presión de sus padres para que "triunfen" laboralmente, les produce un alto porcentaje de traumas psicológicos que muchas veces derivan en la planificación o ejecución del suicidio.
Este es el caso de muchos niños y jóvenes en China, “que tuvieron que guardar las muñecas y los autos de juguete en un baúl, para lanzarse, presionados por sus familias, a un mundo de adultos”.
Sin tiempo de ocio, sin momentos de diversión, su vida combinada con una sociedad por lo general reacia a mostrar sus sentimientos, ha llevado a muchos de ellos a una soledad absoluta.
Fuera de casa la situación tampoco es mejor. En el colegio se margina al que no sobresale y son muchos estudiantes los que se esfuerzan en las materias, no sólo para no defraudar a sus padres, sino para no ser despreciados por el resto de alumnos. Por ello, la competitividad entre ellos es feroz.
A medida que crecen los retos son mayores y con las pruebas de selectividad, en las que se juegan entrar o no en universidades que ofrecen escasas plazas, se acentúan los problemas psicológicos.
Seamos pues sabios, motivemos a nuestros hijos a que se esfuercen en los estudios, exijámosles lo suficiente, pero sin caer en presiones desmedidas, que a la larga en lugar de hacerles un bien, les puede generar traumas psicológicos.
Fuente: mujer.com
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