En los matrimonios hoy prima la calidad del vínculo afectivo
Y es que las nuevas generaciones han incorporado a las ya complejas relaciones amorosas nuevas exigencias: autenticidad y calidad, por sobre todo. El psiquiatra Ricardo Capponi, autor del libro El amor después del amor. El camino al amor sexual estable (Grijalbo, 2003), atribuye a esta actitud el carácter de una verdadera revolución, evitando la descalificación fácil y la tentación de colgarle a la dupla fracasada el cartel de light.
En una época donde abundan la infidelidad, la separación, los mensajes que apelan a la gratificación sensorial y sensual a través del consumo, existen parejas que aspiran a un matrimonio para toda la vida, al “amor sexual estable” y monógamo. Quieren fundar una familia y construir una relación profunda en pareja, pero no están dispuestos a obligarse por ninguna institución o norma. Quieren libertad para elegir. Dicen “sí” con la convicción del “para siempre” o “hasta que la muerte nos separe”, pero sabiendo que el matrimonio no es una cadena perpetua y que en el peor de los casos se puede llegar a la separación o el divorcio. Eso opina el psiquiatra.
A juicio de Capponi, profesor de psicología y psiquiatría de la Universidad Católica y presidente de la Asociación Psicoanalítica de Chile, “en la medida en que los jóvenes enfrentan la relación de pareja con mayor grado de libertad, también están más expuestos a que no resulte y se reconoce con más facilidad las situaciones de fracaso. No están dispuestos a asumirlas solamente por una normatividad sin sentido”. La otra cara de la moneda es que desde esa misma autenticidad se pueden construir finalmente proyectos muy gratificantes. “Me atrevería a decir que hoy las parejas logradas son de mucho mejor calidad que las escasas parejas exitosas que podía haber hace 100 ó 200 años”.
Mejor “logradas” implica, según el especialista, compartir una relación sincera, comprometida, que integre todos los elementos importantes de la vida personal y el deseo sexual. Pero también la preocupación por el cuidado afectivo del otro y la crianza de los hijos en armonía. Todo bajo una condición mínima: que el hombre y la mujer mantengan una relación de equidad, compartiendo las decisiones. “La simetría no significa que los roles sean iguales, pero sí que exista un respeto mutuo y una integración de los aspectos masculinos y femeninos en cada uno de los cónyuges”, especifica.
Pero llegar con éxito a conformar una pareja de este tipo requiere tomar ciertas medidas preventivas.
Lo primero será asumir la libertad de elección con responsabilidad y compromiso y no tirar la toalla a la primera discusión. “Porque son ellos los responsables del futuro de la pareja y no la institución que les pone una norma. Es importante aprender a asumir una cierta tolerancia a la frustración, al posponer gratificaciones inmediatas y a profundizar en los vínculos para que realmente los proyectos complejos, como el tener hijos, los puedan llevar a cabo y no naufragar en el camino”, asegura Capponi.
La clave está en saber elegir pareja y el cómo hacerlo no es algo que se enseñe en los colegios, institutos o universidades. “Existe la falsa convicción de que esta es una pasión irracional a la que una persona se ve arrastrada al ser víctima del enamoramiento. Pero lo cierto es que todos tenemos la capacidad de afinar el instrumento intuitivo para saber hacer la elección”, comenta.
El desafío va en conocerse a sí mismo, saber cuánto nos condiciona el pasado y lo que aprendimos de nuestros padres, tomar en cuenta nuestras experiencias amorosas anteriores y cómo fuimos capaces de renunciar al narcisismo propio del enamoramiento para establecer un vínculo duradero.
Según Capponi, durante la adolescencia y la etapa de adulto joven sucesivas experiencias de enamoramiento y de fracaso van afinando el “instrumento intuitivo” que lleva a una persona a saber enamorarse. “Y así las personas van ubicando a una pareja que tiene más que ver con su pasado, con lo que yo llamo el mapa del amor, con su identidad y con los anhelos que desea compartir. De todas maneras, elegir pareja es una tragedia, porque uno no tiene todos los elementos para optar y, por lo tanto, siempre tiene un carácter de salto en el vacío”.
El psicoanalista postula que “las personas se enamoran de aspectos que se convierten en fuente de conflictos una vez que pasa el enamoramiento. Parece contradictorio, pero interesante. Tal vez lo que hay detrás de esto es que la relación de pareja se transforma en una oportunidad de crecimiento: ‘Yo me enamoro de aquel con quien después se me van a activar mis problemas, para ver si soy capaz de resolverlos con él’. Pero cuando hay mucha psicopatología, el pronóstico es más malo”.
Fuente: MujeraMujer.com
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